La fisonomía del Estadio José María Minella es el reflejo exacto de una gestión que transformó la desidia en su principal política pública. Prometieron una revolución deportiva, pero lo único que cosechó Mar del Plata tras seis meses de la privatización del estadio es un predio vallado, pasto alto y silencio. El ambicioso plan de modernización que justificó la entrega del patrimonio público por 30 años a la firma Minella Stadium SA hoy está completamente frenado, dejando al descubierto la alarmante falta de control y la improvisación del gobierno municipal. El deterioro del predio sigue siendo evidente a simple vista, con tribunas clausuradas y un colapso de infraestructura que arrastra años de abandono deliberado.
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Un predio vallado, plazos vencidos y la farsa del mantenimiento
El panorama actual es desolador. Mientras la tribuna techada sigue inutilizable y los fierros se oxidan, las únicas tareas visibles se reducen a cerramientos perimetrales mínimos y colocación de alambrados. La prórroga otorgada por el Ente Municipal de Deportes (Emder) para presentar los planos definitivos ya se encuentra vencida. Bajo la excusa de la "complejidad técnica", la concesionaria estira los plazos ante la pasividad de una intendencia que actúa como socia protectora en lugar de órgano de control. El colmo es que la firma privada ya recauda sumas millonarias por recitales en el Polideportivo Islas Malvinas, pero no ha volcado un solo peso en el Gigante de la loma.
Único oferente, secretos de sumario y la ruta de los fondos
Lo que comenzó como una solución mágica hoy transita los carriles de la sospecha judicial y la falta de transparencia. Uno de los puntos más escandalosos es que la licitación contó con una sola empresa oferente, una farsa a medida diseñada para esquivar la competencia. La oposición denuncia de forma sistemática que el Ejecutivo mantiene bajo estricto secreto el contrato de concesión, ocultando un negocio millonario. Para empeorar el escenario, el proceso quedó envuelto en la causa judicial "Sur Finanzas", que investiga maniobras de lavado de activos en el fútbol y provocó allanamientos en dependencias municipales. Además, el grupo inversor brasileño arrastra escándalos financieros en su país, antecedentes que la intendencia prefirió ignorar al adjudicar el predio.
Una crisis institucional que condena la identidad de la ciudad
Entregar un monumento histórico bajo la promesa de una inversión de 47 mil millones de pesos para 2027, sin exigir garantías reales, es una irresponsabilidad institucional imperdonable. Esta estafa representa un nuevo foco de tensión y vergüenza para la gestión. En el medio quedan Aldosivi y Alvarado, los clubes de la ciudad que padecen el desastre de una cancha en ruinas y deben competir en un escenario que da vergüenza nacional. El Minella continúa funcionando como el símbolo perfecto del abandono de la infraestructura pública por parte de un oficialismo que solo gobierna para los negocios de unos pocos amigos.
A.R.D