El presidente Javier Milei salió en defensa del economista José Luis Espert, luego de meses sin nombrarlo y desató una feroz ofensiva contra los medios de comunicación. El fuerte respaldo presidencial se produjo tras conocerse un cambio drástico en la situación procesal de Fred Machado —el empresario argentino que financió la actividad de Espert— en los tribunales federales de los Estados Unidos.
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Machado, quien se encuentra detenido en un penal de Oklahoma desde noviembre y enfrentaba graves cargos por liderar una red de contrabando de estupefacientes, selló un acuerdo con la Fiscalía norteamericana para declararse culpable de lavado de dinero y fraude, logrando que se retirara la acusación por narcotráfico.
El caso había tenido un impacto político directo el año pasado, cuando los vínculos con el empresario forzaron a Espert a renunciar a su candidatura a diputado nacional por La Libertad Avanza (LLA) en la antesala de los comicios de octubre. Ante el nuevo escenario judicial, y a la espera de que el juez federal a cargo de la causa convalide el pacto este lunes, Milei utilizó el argumento de la quita de los cargos de narcotráfico para asegurar que el economista fue víctima de un armado difamatorio y para ratificar su absoluta confianza en el dirigente liberal.
El contundente respaldo de Milei: "Quisieron convertirlo en un criminal"
A través de un extenso y encendido descargo en sus plataformas oficiales, Javier Milei buscó limpiar la reputación de su aliado político, argumentando que el retiro de la acusación de narcotráfico sobre Machado demuestra que las imputaciones mediáticas contra el economista carecían de sustento real. El jefe de Estado centró su mensaje en la inocencia de Espert, denunciando una presunta persecución ideológica por parte de los profesionales de la prensa.
“Le destruyeron la reputación, lo empujaron al ostracismo y quisieron convertirlo en un criminal mediante una operación política y mediática infame”, sentenció de forma tajante el mandatario nacional. En su argumentación, el Presidente apeló a la trayectoria de su aliado para desestimar cualquier tipo de vinculación con estructuras delictivas de carácter transnacional: “¿A quién carajo se le ocurre que, a los 58 años y después de toda una vida exitosa de trabajo en el sector privado, el profesor Espert entra en política para lavar dinero del narcotráfico?“. El mensaje del jefe de Estado concluyó de manera categórica, sellando una alianza política inquebrantable: “Con José Luis Espert, siempre del lado de la verdad y de la libertad”.
La arremetida presidencial contra los medios de comunicación
El giro en el expediente judicial de Texas fue la plataforma que utilizó el Presidente para redoblar sus críticas hacia el periodismo, acusando a los cronistas y analistas políticos de "ensuciar, difamar y condenar públicamente sin pruebas" a los dirigentes de su espacio en la previa de las elecciones nacionales de 2025. Según la óptica de Milei, el ensañamiento hacia Espert se debió exclusivamente a que “defendía las ideas de la libertad y les resultaba incómodo” al establishment tradicional.
En el tramo final de su descargo, el jefe de Estado exigió retractaciones y disculpas públicas, aunque manifestó un profundo escepticismo respecto a que las empresas periodísticas asuman la responsabilidad de sus coberturas pasadas. “Muchos de los periodistas deberían pedir disculpas públicas. Pero todos sabemos que no lo van a hacer, porque viven de operar, mentir, difamar y ensuciar”, arremetió con dureza. Fiel a su estilo de confrontación directa y polarización discursiva con los profesionales de la comunicación, Milei clausuró su comunicado replicando su eslogan más polémico e institucionalizado contra el sector: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”.
La confesión de Machado: Culpable de lavado y fraude electrónico
A pesar de la lectura política de la Casa Rosada, los datos objetivos emanados de los tribunales estadounidenses confirman que el exfinancista de Espert sigue enfrentando un panorama penal sumamente complejo. Según informó el diario La Nación, Fred Machado formalizó ante la fiscal de Texas, Heather Rattan, un acuerdo de culpabilidad en el que reconoció formalmente haber cometido otros delitos de extrema gravedad institucional y económica.
El empresario desistió de su estrategia original de declararse inocente y exigir un juicio por jurados con el único propósito de que le quitaran el cargo de narcotráfico, el cual lo ligaba al transporte de cocaína a gran escala desde Sudamérica hacia EE. UU.
A cambio de ese beneficio procesal, Machado admitió bajo juramento haber liderado una organización dedicada a la conspiración para lavar activos y conspiración para cometer fraude electrónico, mediante una ingeniería delictiva donde vendía de manera fraudulenta aeronaves que pertenecían a otras compañías.
La aceptación de estos cargos no exime al empresario de duras penas: ambas figuras conllevan una escala penal que puede alcanzar hasta los 20 años de prisión, además de multas fijadas en USD 250.000 y tres años de libertad supervisada. La audiencia clave tendrá lugar este lunes 18 de mayo, donde el juez federal Amos Mazzant III decidirá si homologa de forma definitiva los términos del pacto y establecerá los años de condena efectiva para el financista.
Vuelos de campaña y un contrato de un millón de dólares
El vínculo entre Espert y Machado se remonta a los traslados logísticos de la campaña electoral. Durante la investigación, quedó plenamente acreditado que el economista utilizó en repetidas oportunidades los aviones privados del empresario para asistir a diversos compromisos políticos en el interior del país.
Asimismo, el propio profesor admitió haber percibido un pago inicial de USD 200.000 por parte de Machado. La defensa esgrimida por Espert —y convalidada públicamente por el presidente Milei en su mensaje de este domingo— sostiene que dicho dinero no poseía un origen ilícito, sino que correspondía a los honorarios por un servicio de consultoría y asesoramiento técnico integral prestado a una compañía minera radicada en Guatemala, de la cual el financista era propietario, en el marco de un contrato global que ascendía a USD 1.000.000. Si bien el acuerdo en Texas desvincula formalmente a Machado del negocio de las drogas, su confesión explícita como lavador de dinero y estafador electrónico mantiene el debate abierto sobre el origen de los fondos que nutrieron los inicios de la estructura partidaria.