Bajo la gestión del ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, Argentina encabezó una coalición de diez naciones que bloqueó una declaración conjunta de la CELAC destinada a condenar la incursión de las fuerzas armadas estadounidenses para aprehender a Nicolás Maduro.
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La sesión de urgencia, gestionada de forma virtual por el mandatario colombiano Gustavo Petro —en su rol de presidente pro témpore—, contó con el aval de los gobiernos de México y Brasil. El propósito principal de la convocatoria era establecer un frente común de rechazo frente a la ofensiva militar que Donald Trump ordenó en territorio venezolano.
Sin embargo, la iniciativa fracasó ante la negativa de Argentina, Paraguay, Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Estos estados, según reportes de Infobae, estarían redactando un manifiesto alternativo que valide la operación militar.
El papel de Quirno fue fundamental para articular este frente opositor, cuyos integrantes optaron por enviar delegados de menor rango jerárquico a la cumbre impulsada por Petro y los países del ALBA (donde se alinean Cuba, Nicaragua y Honduras). En el transcurso de las deliberaciones, este grupo disidente puso en duda la validez del gobierno de Maduro y denunció el empeoramiento de la crisis de derechos humanos durante los últimos diez años.
En la vereda opuesta, naciones como Colombia, Chile, Uruguay, Brasil, México y España ya habían suscrito un documento que reprobaba la actuación de Washington. En dicho escrito, los firmantes expresaron su inquietud "ante cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos".
Este choque diplomático en la CELAC evidencia una división estructural en el continente que trasciende las afinidades políticas y se manifiesta incluso en las transiciones internas de cada país.
Un ejemplo claro es el de Chile: mientras el actual mandatario Gabriel Boric apoyó el rechazo a la intervención, su sucesor electo, José Antonio Kast, sostiene una visión radicalmente opuesta. Para el próximo presidente chileno, “la detención de Nicolás Maduro es una gran noticia para la región”, argumentando que “su permanencia en el poder, sostenida, por un narcorégimen ilegítimo, expulsó a más de 8 millones de venezolanos y desestabilizó a América Latina a través del narcotráfico y el crimen organizado”.
En definitiva, la confrontación entre ambas facciones subraya la ruptura geopolítica que atraviesa Latinoamérica, un escenario que se vuelve crítico ante una maniobra bélica directa por parte de Estados Unidos sin antecedentes previos en la región sur del continente.