En tiempos atravesados por guerras, muros y discursos de odio, la figura de Papa Francisco sigue proyectando una sombra incómoda sobre los poderosos del mundo. A un año de su muerte, su legado excede los límites de la Iglesia Católica para inscribirse de lleno en la política global, la diplomacia y la disputa por el sentido común.
“Francisco fue el mayor constructor de puentes y destructor de muros de este tiempo”, sintetizó el diputado Eduardo Valdés en diálogo con Jorge Fontevecchia en Net TV. La definición condensa una práctica: la de un pontífice que eligió intervenir en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
Mediador en conflictos globales
Durante la entrevista en Modo Fontevecchia, Valdés repasó algunas de las intervenciones más relevantes del Papa. Entre ellas, la mediación entre Estados Unidos y Cuba, que se concretó a partir de un pedido del entonces presidente Barack Obama.
También recordó su posicionamiento frente a la posible intervención militar en Siria: “Convocó a una jornada de oración de todas las religiones que fue tan potente que Obama retrocedió con la decisión”, explicó.
Lejos de los encasillamientos, Valdés cuestionó la etiqueta que instaló la revista The Economist, que lo definió como “Papa peronista”. “En realidad Francisco era un negociador, un acercador de posiciones”, sostuvo. Y agregó: “El título que mejor le quedaba era el de Sumo Pontífice”.
De Colombia a Medio Oriente: la diplomacia del diálogo
La intervención de Francisco en conflictos internacionales fue constante. Desde su rol en el proceso de paz en Colombia, donde promovió el diálogo entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, hasta sus gestos en el conflicto entre Israel y Palestina.
También su presencia en la frontera entre Estados Unidos y México, en abierta contraposición a las políticas de Donald Trump: “Hizo el camino de los ‘espaldas mojadas’ y celebró una misa con mexicanos y estadounidenses. Le puso el cuerpo a la paz”, recordó Valdés.
Una ética del lado de los últimos
Pero el legado de Francisco no se agota en la geopolítica. Hay una dimensión profundamente humana que también generó tensiones, incluso dentro de la Iglesia. “Besaba los pies de los presos, incluso cuando eso le generaba críticas”, señaló el diputado.
Ese gesto, repetido a lo largo de su pontificado, sintetiza una ética: estar siempre del lado de quienes quedan afuera. Una práctica que lo convirtió en una figura incómoda para los sectores más conservadores.
Vínculos, política y tradición argentina
En clave local, Valdés destacó los vínculos que el Papa mantuvo con referentes sociales y políticos argentinos, como Juan Grabois, Hebe de Bonafini y Cristina Fernández de Kirchner.
Lejos de la neutralidad, Francisco eligió dialogar con quienes expresaban conflictos reales de la sociedad. “La mediación solo es posible cuando las partes quieren realmente encontrar una solución”, reflexionó Valdés, retomando una de sus enseñanzas.
Finalmente, el diputado inscribió su pensamiento en la tradición de la doctrina social de la Iglesia: “El peronismo es posterior y se nutre de ella, especialmente de la encíclica Rerum Novarum”, afirmó.
A un año de su muerte, Papa Francisco sigue siendo una referencia ineludible. Para quienes promueven la fragmentación, un problema. Para quienes creen en el diálogo como herramienta política, una guía difícil de reemplazar.