La Confederación General del Trabajo (CGT) decidió movilizarse frente al Congreso el 11 de febrero cuando se debata en el Senado el proyecto de reforma laboral del oficialismo. Este fue el primer consenso alcanzado en la reunión del Consejo Directivo, donde los principales líderes gremiales optaron por una "movilización fuerte" a la plaza de los Dos Congresos como próxima jugada.
La apuesta cegetista es llenar la calle e intentar influir en los senadores "dialoguistas", quienes se muestran más preocupados por la restitución del impuesto a las ganancias que por la letra chica de los derechos laborales. "El miércoles va a haber una movilización masiva de los trabajadores para respaldar a legisladores que están acompañando la posición sindical y criticar a aquellos que quieren aprobar este proyecto", pronosticó Andrés Rodríguez, líder de UPCN.
El debate por el paro: "Diálogo" vs. "Convicciones"
A pesar del acuerdo sobre la marcha, la discusión interna gira en torno a si es conveniente realizar ahora un paro nacional. Las posturas están divididas:
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Sector Dialoguista: Liderado por Héctor Daer, Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez. Sostienen que no están dadas las condiciones para una huelga. "Sería pasear el perro muerto", afirmó con crudeza Jorge Sola (Seguro), defendiendo la estrategia de negociación silenciosa con gobernadores.
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Sector Combativo: Integrado por Pablo Moyano (Camioneros), Abel Furlán (UOM) y gremios del transporte (CATT). Proponen un paro de al menos 12 o 24 horas para garantizar la asistencia masiva. Sebastián Maturano (La Fraternidad) incluso planteó una huelga de 48 horas.
Gerardo Martínez (UOCRA) insistió en "seguir dialogando con todos los sectores que puedan influir en el rechazo a esta reforma que atenta contra los derechos individuales y colectivos de los trabajadores". No obstante, advirtió que, de fracasar la vía política, recurrirán a la justicia por los artículos que consideren inconstitucionales.
Un escenario legislativo cuesta arriba
El panorama descripto por el triunvirato no fue optimista. Tras repasar las gestiones con mandatarios provinciales, la CGT admite que solo los votos de los senadores más cercanos están asegurados. Ante la posibilidad de una derrota en la votación general, la estrategia se desplaza hacia la batalla reglamentaria.
"Esta lucha no termina porque después del Senado, tiene que ir a Diputados. Si se llega a aprobar esta Ley en general, esperamos que en el tratamiento de artículo por artículo haya muchas modificaciones que respeten los derechos del movimiento sindical", confió Andrés Rodríguez. La central obrera mira con desconfianza a los gobernadores, esperando, en palabras de Cristián Jerónimo, que "no dejen sus convicciones en la puerta del Senado".