El impacto del modelo económico actual sigue golpeando con fuerza a las pequeñas y medianas empresas.
Te puede interesar
Esta vez, la noticia llega desde Córdoba, donde una tradicional fábrica de alfajores artesanales anunció que dejará de producir tras más de tres décadas de actividad ininterrumpida.
El cierre no es un hecho aislado. Forma parte de una seguidilla de comercios, industrias y emprendimientos que no logran sostenerse frente a la caída del consumo, el aumento de costos y un escenario que empresarios del sector califican como "incierto e imprevisible".
Adiós a un clásico cordobés: una emblemática marca dejará de producir
En este contexto, una marca emblemática de la dulcería regional confirmó que el 28 de febrero de 2026 será su último día de producción.
Se trata de La Paila, símbolo de los alfajores cordobeses y referente de la elaboración artesanal desde 1992.
La empresa nació como un emprendimiento familiar en el quincho de una casa y con el tiempo se transformó en un clásico del centro cordobés.
Su local de Duarte Quirós al 100 fue durante años una parada obligada para vecinos y turistas que buscaban productos tradicionales elaborados con recetas caseras.
En un triste comunicado, la familia fundadora apuntó contra el contexto económico nacional y explicó que la decisión no responde a errores de gestión sino a la imposibilidad de sostener el proyecto bajo las actuales condiciones.
Hablaron de una “difícil e inestable realidad económica” y de la falta de previsibilidad para quienes producen y generan empleo.
El mensaje fue contundente: “Hoy nos vemos obligados a dar un paso al costado”. También dejaron una frase que refleja la angustia del sector pyme: “Ojalá que algún día existan condiciones más previsibles y favorables para quienes trabajan y apuestan por este país”.
Durante más de 30 años, La Paila se distinguió por mantener métodos tradicionales, cocinando sus dulces en pailas de cobre y sosteniendo estándares de calidad que le permitieron construir una clientela fiel.
Sin embargo, ni la trayectoria ni el reconocimiento alcanzaron para resistir el actual escenario económico.
A pesar del cierre, la familia dejó abierta una posibilidad: vender la marca para que otro emprendedor continúe con la producción.
Una puerta mínima a la esperanza en medio de un panorama donde cada vez más persianas bajan y cada vez menos certezas quedan para quienes producen en Argentina.