El Napoli atravesó un conflicto interno con Romelu Lukaku, quien se ausentó durante casi 30 días de los entrenamientos tras la última fecha FIFA y decidió continuar su recuperación en Bélgica. La dirigencia consideró la decisión como unilateral, lo apartó del plantel y abrió un frente de tensión en plena recta final de la temporada.
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Ausencia, sanción y negociación
El episodio comenzó el 26 de marzo, cuando el delantero no regresó a Italia tras la convocatoria con su selección. El club, presidido por Aurelio De Laurentiis, insistió en su vuelta sin éxito y resolvió separarlo del grupo, mientras analizó una posible salida en el próximo mercado.
Tras semanas sin contacto, Lukaku regresó a Nápoles y mantuvo una reunión con el director deportivo Giovanni Manna, donde ambas partes encauzaron la situación. El acuerdo estableció que completará su recuperación en Bélgica bajo supervisión médica y volverá a entrenarse en dos semanas.
Rendimiento, contrato y escenario abierto
El conflicto se dio en un contexto deportivo adverso, con el equipo relegado en la lucha por la Serie A y sin margen en el campeonato. Lukaku, de 32 años, arrastró lesiones y perdió continuidad, con apenas 64 minutos jugados en la temporada 2025-2026.
El delantero, que llegó en 2024 por 30 millones de euros y firmó contrato por un año más, quedó expuesto a una posible sanción económica. Su continuidad dependerá de su rendimiento en el cierre del torneo y de su desempeño con Bélgica en el Mundial.
El club evaluará su situación en el corto plazo, mientras el jugador enfocará su recuperación para llegar en condiciones a la cita internacional.