Los registros más recientes de la Secretaría de Trabajo revelan una profundización en el deterioro del mercado laboral formal en Argentina. Durante el mes de noviembre, se contabilizó una pérdida neta de 17.000 puestos asalariados dentro del sector privado.
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Esta retracción fue mitigada solo parcialmente por el incremento en el régimen de monotributo, que sumó 6.800 aportantes, y por un crecimiento de menor escala en el empleo de casas particulares y el trabajo autónomo. Esta migración sugiere un proceso de precarización del perfil ocupacional, donde el empleo con relación de dependencia es sustituido por modalidades de contratación independientes o informales.
Por otro lado, los datos anticipados de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) correspondientes a diciembre confirman la persistencia de esta tendencia negativa. Desde la cartera laboral se ha intentado matizar este retroceso vinculándolo a “efectos estacionales” que golpean con mayor severidad a rubros como la Construcción y la Enseñanza, aunque el análisis desagregado muestra problemas estructurales que exceden la mera temporalidad.
Desempeño Sectorial y el Declive del Rubro Textil
En términos de actividad económica, la contracción del empleo asalariado registrado durante noviembre se concentró casi exclusivamente en tres pilares que representaron el 94% del saldo negativo: Comercio, Industria Manufacturera y Servicios Empresariales e Inmobiliarios. En la vereda opuesta, los sectores de Agricultura, Ganadería y Pesca lograron exhibir variaciones positivas. Un dato a destacar es el comportamiento de la Construcción, que si bien continúa en terreno negativo, mostró una desaceleración en su ritmo de caída, pasando de una reducción del 0,4% en octubre a un 0,1% en noviembre.
Sin embargo, la nota más alarmante la brinda el sector de Textil, Confecciones, Cuero y Calzado, el cual “alcanzó en noviembre de 2025 su nivel de empleo más bajo desde el inicio de la serie histórica en 2009”. Esta situación sitúa a la industria de la indumentaria en un punto crítico de vulnerabilidad, perdiendo toda la capacidad de retención de mano de obra construida en los últimos quince años.
Impacto en la Industria y Empresas Medianas-Grandes
La crisis no es un fenómeno aislado de pequeñas unidades productivas. Según el informe oficial, la pérdida acumulada de 88.000 empleos detectada entre junio y noviembre de 2025 se atribuye a desvinculaciones y cesantías que impactaron fundamentalmente en empresas medianas y grandes.
La Industria, en términos interanuales, sufrió una reducción del 3,1% en su dotación de personal. El desglose por subsectores muestra una erosión generalizada:
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Alimentos y Bebidas: El sector con mayor peso dentro del empleo industrial registró una caída del 0,9% entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025.
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Sectores Críticos: Actividades como Química y Petroquímica, Metalmecánica, Madera y Papel, Automotores y Neumáticos (que en conjunto representan más del 50% de la fuerza laboral fabril) sufrieron desplomes de entre el 1,9% y el 4,1%.
Evolución Histórica: Del Estancamiento a la Destrucción de Empleo
Para comprender el escenario actual, es necesario observar la trayectoria de los últimos años. El ciclo de destrucción neta del empleo formal privado se inició en septiembre de 2023, acelerándose bruscamente en el primer trimestre de 2024 con una baja mensual promedio del 0,4%.
A partir de abril de 2024, la velocidad de la caída comenzó a moderarse, logrando una estabilización transitoria en el tercer trimestre de ese año. Hacia el cuarto trimestre de 2024, se observó una recuperación incipiente y moderada del 0,1% mensual. No obstante, este repunte resultó ser "parcial y de corta duración":
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Primer semestre de 2025: El empleo entró en una fase de estancamiento, alternando variaciones marginales pero sin superar los niveles de finales de 2024.
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Segundo semestre de 2025: A partir de junio, el mercado laboral retomó la senda descendente. Con variaciones negativas consecutivas mes a mes, se acumuló la ya mencionada pérdida de 88.000 puestos de trabajo en solo seis meses.
Esta dinámica evidencia que la recuperación esperada para 2025 se ha visto frustrada por una nueva fase de contracción que afecta principalmente al núcleo duro de la economía: la industria y el comercio organizado.